Agosto 2014

FINALMENTE UNA BUONA NOTIZIA!

E’ di questi giorni la notizia arrivata dall’Argentina, che il nostro amico Veeraj (a sua volta con l’aiuto di ottimi amici), può annunciare la pubblicazione del Trattato del Pensiero Vivente, già terza opera di Massimo Scaligero tradotta in castigliano.

Vi ricordiamo che Veeraj, negli ultimi anni, ha già tradotto di Scaligero, L’uomo interiore ed Il manuale pratico della Meditazione.

Per quanto sia riuscito a capire, il Trattato del Pensiero Vivente è stata probabilmente l’opera più sofferta. E’ una impresa azzardata e titanica riportare in una lingua diversa non soltanto il senso ma ancor più il ritmo concentrato, anzi meditativo di questo scritto. A ciò si sono aggiunte alcune traversie editoriali e umane, tanto per rendere più tosto lo sforzo.

Ma ora è fatta: il testo (forse più importante) è ora a disposizione dei tanti amici di lingua spagnola che soprattutto seguono l’Archetipo.

Noi da Eco, talloniamo a ruota il glorioso mensile, non certo per emulazione ma perché desideriamo che notizie come questa, che ci riempie di gioia, abbiano il maggior risalto possibile, rumoreggino come superbi tuoni.

Poi ho fiducia che lo spirito di un simile libro incontri, per virtù propria, le anime disposte ad accogliere nell’intimo l’avventura che esso indica e che si avviva con la sua lettura.

Infine ringraziamo Veeraj ed i suoi amici di Mendoza, i Responsabili dell’Archetipo e F. Giovi. Essi ci hanno permesso queste righe e la nota introduttiva al “Tratado del Pensamiento Viviente”.

***

 Prólogo a la edición castellana
sobre el autor

A lo largo de mi no muy breve vida en contacto con la Ciencia del Espíritu, -me acuerdo que leí por primera vez “La Ciencia Oculta” de Rudolf Steiner recién en la adolescencia-  encontré pronto y por casualidad, en una librería, el voluminoso texto de un italiano, cosa que, en mi opinión de aquel entonces, ya no hablaba muy bien sobre el autor. Las pocas informaciones que luego conseguí confirmaban ulteriormente mi juicio: se trataba de un discípulo de Julius Évola*, del cual había tomado posturas incluso más “preocupantes”, en fin, un comediante de la Iniciación, productor de mamarrachos donde un cierto orientalismo andaba mezclado con las fantasías evolucionistas de Steiner… y cosas por el estilo.

        Por suerte ya era capaz de separar los juicios ajenos de la experiencia directa, así que puse mucho empeño en la lectura de “La Vía della volontà solare”. Una vez llegado, con dificultad, al 2do capítulo, a duras penas, y además con el obstáculo de un lenguaje insólito y arduo, tuve (mejor dicho me encandiló) la clara intuición de que el autor hablaba soportado por el rarísimo privilegio que tiene el que conoce de lo que habla por experiencia directa. 

Luego de haber conocido y buceado a lo largo y a lo ancho por el océano de las comunicaciones sobre lo suprasensible, había sacado la desoladora conclusión de que eran muy pocos aquellos que tenían algo que decir más allá del saber académico y de la ambigua obra de copiar y trascribir textos y doctrinas precedentes. Siempre estas repeticiones se revelaban, cada vez, inferiores a los originales.

¡Qué abundancia de chantas, estafadores, médiums y locos !

¡Aptos para todos los gustos de las almas ya predispuestas en continuar en los sueños, las fantasías, y la más absoluta credulidad frente a toda barbaridad que hablara de Espíritu!

        Bueno, seguimos: empecé a buscar todo lo que Scaligero había ya escrito, que en aquel entonces todavía no era mucho. Encontré “El Hombre Interior” y “El Tratado del Pensamiento Viviente”. Confieso, en forma de auto-reproche, que pese a la breve aunque estimulante introducción del autor, el segundo texto me resultó más parecido a un breve tratado filosófico que a una indicación práctica de un camino interior.

Tal que me sorprendí mucho cuando me di cuenta que Scaligero consideraba este libro como un texto de suma importancia. De hecho, lo hizo reimprimir dos veces  en un tiempo relativamente breve.

        Tomé conciencia de la importancia del Tratado muy lentamente, no con los tiempos del intelecto, sino más bien con el ritmo de las estaciones y del crecimiento del mundo vegetal.

Pero esto no fue una desgracia, sino un bien, ya que uno no incorpora realmente tamaño escrito mientras falte todavía una puntual profundidad adentro suyo, mientras dentro de uno no exista ya al menos una pizca de conciencia de lo que realmente somos, y, claro está, no aludo a algo trascendente, sino simplemente a un conocimiento de sí mismo realista y riguroso.

        A falta de eso, ¿cómo podríamos advertir el impacto dramático de las palabras iniciales del libro: “El Yo que el ser humano dice ser no puede ser el Yo…?”: o sea, la negación de uno mismo, echada en cara. Y eso sin al menos una educada advertencia para poder cobijar algo el alma, para tener algo suave, agradable y protector alrededor de nuestra más segura certeza.

        Sin embargo, que se trata de un texto poderoso, casi prepotente, se lo intuye  ya desde la tapa: debajo del título, en seguida, la afirmación inaceptable: “Una vía más allá de las filosofías occidentales, más allá del Yoga, más allá del Zen”.

        O sea, ¡más allá de todo! ¡Claro! …Bueno, entonces será la obra de un loco… sin embargo, créanme, Scaligero era el más sabio entre los seres humanos. Quizás no conocía el Yoga, el Zen… pero no, incluso esto no es cierto, ya que practicó profundamente y por décadas tanto el Yoga como el Zen.

        Entonces, ¿por qué no considerar la eventualidad de que en un momento crucial de su vida encontró el secreto de los secretos, lo que todos buscan o aparentan buscar?

        Una individualidad excepcional que, tras haberlo experimentado todo, experimenta algo que nunca fue pensado ni experimentado. En comparación al cual el Yoga e incluso el Zen son cosas de adolescentes.

        Que quede claro, no se trata de creerlo, sino de leer. Y leer no es suficiente: hay que pensar los pensamientos, “descongelarlos” y liberarlos de las páginas escritas para volverlos propio pensamiento: algo para nada fácil, ya que en el Tratado forma y contenido coinciden a la perfección. El Tratado es una disciplina vertical, totalmente desprovista de cómodos puntos de agarre.

        Es difícil que la escalada tenga éxito al primer intento. Por lo que entiendo, teóricamente es posible, pero en la práctica nadie tiene la lucidez, la constancia y el valor para alcanzar inmediatamente la cumbre.

        Son necesarios la fuerza que se irá adquiriendo a lo largo de la obra, y  el pensamiento “querido” (y no simplemente pensado) que se irá formando más allá del sueño que, pasivamente soñando, confundimos con la realidad.

        Es necesario un tipo de conocer que nunca fue conocido, y que, si fuese conocido, no sería el saber hacia el cual apunta la obra de Scaligero. ¿Un conocer desconocido? Ya a partir de estas simples palabras, con las cuales no estoy jugando, podrán advertir cuán “peligrosa” puede ser la aventura que las páginas siguientes les presentan.

        ¡No! El Tratado no es idealismo filosófico, más bien lo llamaría un poderoso texto de Magia, de la cual nace y destella el Fulgor que derrotó al mundo.

        Por otro lado el Tratado no muerde, pueden no leerlo, o incluso leerlo como se lee un diario: así resultará totalmente incomprensible y su vida de ensueño podrá seguir tranquila.

Franco Giovi

L’ARCHETIPO – SETTEMBRE 2014

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In questo numero:

Variazioni
A.A. Fierro Variazione scaligeriana N° 67

Socialità
L.I. Elliot Il pensiero deterrente

Poesia
F. Di Lieto Argonauti

Animalia
T. Diluvi Nel rispetto del tonno

AcCORdo
M. Scaligero La segreta armonia angelica

Il vostro spazio
Autori Vari Liriche e arti figurative

Considerazioni
A. Lombroni Evoluzione e Tradizione

Letteratura
M. La Floresta Onofri

FiloSophia
F. Giovi A Giordano Bruno, guerriero dellʼIo

Personaggi
M. Iannarelli Chi è veramente Massimo Scaligero?

Inviato speciale
A. di Furia Ha senso parlare di protesta o di rivoluzione?

Spiritualità
R. Steiner La conoscenza dello Spirito, fonte suprema…

I Maestri
M. Lombroni Il problema è tutto qui

Economia
Grifo Il Leviatano della Finanza

Antroposofia
R. Steiner Dellʼarte oratoria

Pubblicazioni
M. Scaligero Tratado del pensamiento viviente (F. Giovi)

Costume
Il cronista Sonde

Redazione
La posta dei lettori

Siti e miti
A.A. Fierro, D. Scialfa Cipro: una foglia di quercia dorata

Arretrati

Link

Archivio a-Z

CONFERENZA DI MASSIMO SCALIGERO DEL 4 MARZO 1978

Massimo Scaligero

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04.03.78

(cliccare sulla data in azzurro per ascoltare)

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“Le divinazioni e gli auspici in rapporto all’interiorità dell’uomo: le loro legittimità.”

Prevedere-futuro

Noi non ci dobbiamo preoccupare dell’avvenire, perché l’avvenire lo creiamo, e se qualcuno ci indovina, che uscendo di qui, e passando per Via Cavallotti, ci cade una trave in testa, che facciamo? Non ci passiamo? E allora quella ci aspetta. E noi ci passiamo: ma allora tanto vale non saperlo.

E quindi dove troviamo indovini che ci predicono… cerchiamo di essere un po’ sagaci, non abbiamo proprio bisogno di prevedere niente.

Altro è, per esempio, che noi sappiamo certe linee, conosciamo certe linee dell’evoluzione, per cui sappiamo che cosa avviene in una determinata epoca, se certe condizioni interiori vengono o non vengono osservate. Questo è importante, sì.

Possiamo anche essere depositari di certe profezie, ma tutto questo funziona soltanto secondo uno spirito sagace che non se ne serve per fare il furbo con il destino, perché se un saggio sa che passando per Via Ciceruacchio gli cade il mattone in testa ci passa, e si fa cadere il mattone in testa.

D’altra parte ci possono essere anche degli… non dico Iniziati, ma illuminati che riescono a vedere qualche cosa del futuro.

Se sono veramente saggi tacciono. Se invece cominciano a fare mostra della loro bravura forse sono degli imbroglioni. Oppure può darsi che una volta indovinano e un’altra no, e qui siamo già su un piano che non è molto serio. Comunque l’argomento è interessante da un altro punto di vista, perché noi possiamo veramente prevedere il futuro, ma in quanto siamo capaci anche di ritornare indietro nel tempo, e allora questa veramente è un’esperienza di autocoscienza in senso superiore, che però non ci serve per fare gli astuti con il destino.

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L’uomo da sempre è un dio con la preghiera e con il rito. Così dice il vangelo, così conferma il miracolo. Perché ora dici: “E’ il pensiero”? Il messaggio che il Christo ci ha dato è: “Ama il prossimo tuo come te stesso.” Perché tu dici che il Christo è  portatore dell’Io? – Non lo dico io – Perché Teosofia e non Teologia? E su quale posso realmente dire: “Io credo in Gesù”? E su quale delle due posso realmente dire: “Io credo”?

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Dunque… l’uomo è un dio… La differenza tra il Buddha e un uomo qualsiasi è questa: che il Buddha sa di essere il Buddha, e l’uomo qualsiasi non lo sa, e quindi patisce. Così l’uomo da sempre è un dio con la preghiera e con il rito. Però i tempi son cambiati e, salvo San Gennaro e Padre Severino, oppure Padre Igino, perché Padre Pio è morto, è sempre morto… – la preghiera voi sapete che non l’abbiamo mai fatta mancare nelle nostre operazioni e che noi crediamo al miracolo, però… : il pensiero… Senza pensiero non facciamo niente. E qui non sto a rifare tutta la storia, perché ne abbiamo scritte di cose sul pensiero.

Tuttavia i guai di questo tempo io credo di poterli riassumere in una sola situazione, che è terribilmente semplice, come l’uovo di Colombo: che gli uomini credono che il cervello pensa, e anche quando non lo credono si comportano come se ci credessero, per cui se da questo cervello che pensa viene il materialismo, coloro che credono di combatterlo sono materialisti di un altro colore, e si azzuffano tra loro perché sono da una parte e sono dall’altra, ma tutt’e due son materialisti, e non si esce se non si riesce a capire questo errore tragico: che da una parte è… proprio si può dire la sintesi del fondamento di tutta una dottrina, e che noi dobbiamo dire che in questo senso è la più coerente e la più rispettabile perché almeno è… lo dice, che ha questo fondamento. Mentre quegli altri che parlano di Spirito, di superamento del materialismo, di moralità superiore, sono nella stessa situazione, soltanto che hanno un linguaggio diverso, l’unica cosa che li differenzia è un sentimento diverso.

Perché stiamo dicendo questo? Questa domanda del nostro potentissimo… anzi ultrapotente, è simpaticissima perchè ci fa riassumere tutto. Perché?

Perché una volta la situazione dell’uomo non era questa, quindi c’era un uomo il quale aveva il cervello… pero’ certi cervelloni… Però intorno a questo cervello c’erano delle anime che erano capaci di guardare senza cervello… ahi, che ho detto!… guardare indipendentemente dal cervello: e che perciò avevano delle grandi intuizioni. Per esempio se noi prendiamo i pensatori greci, perché erano grandi? Perché avevano ancora una struttura eterica del pensiero indipendente dalla cerebralità. Infatti sono tutti dei grandi intuitivi.

Tutto questo noi, sappiamo che è così, lo possiamo apprendere dalla Scienza dello Spirito, però coloro che fanno esperienze di pensiero lo sperimentano questo, perché sanno che ci sono dei momenti in cui si è liberi dalla cerebralità e si penetra in certe realtà in una forma obbiettiva, precisa, determinata; altri momenti in cui si è nella cerebralità e si è tanto intelligenti, tanto logici ma d’una ottusità allarmante, per chi già sa come stanno le cose naturalmente, allarmante perché l’ottuso di natura è tutto, ha lì tutto il suo mondo, però uno che fa esperienza di pensiero sa benissimo che tutta l’anima dipende dal fatto che la coscienza è cerebrale. E quindi si può essere teologi secondo San Giovanni della Croce, perché quasi tutta la teologia mistica è fondata sulle intuizioni e le visioni di San Giovanni della Croce; si può essere formidabilmente religiosi, amici della preghiera, del miracolo, di tutte le forme della devozione rituale, ecc., e tuttavia il pensiero condizionato dalla cerebralità è tutta una retorica, perché quella teologia è una chiacchiera e non ti fa fare niente oltre il limite dialettico cerebrale: non c’è nessun contatto col sovrasensibile, e il minimo contatto che ci può essere è un contatto sentimentale oppure di teologia esaltata. La religione si trova a questo punto, e dobbiamo riconoscerlo se no non usciamo dai guai, perché bisogna che veramente una certa corrente, una minoranza umana compia il passo oltre la prigione, il carcere cerebrale.

E’ veramente un carcere perché c’è una filosofia, e quando noi diciamo filosofia qui ci mettiamo tutti i filosofi, perché?: “Ah, c’è Hegel!”. Sì, ma l’idealismo che cosa ha fatto per impedire che nascesse il materialismo? Non ha fatto niente. Ha semplicemente chiacchierato, ma non c’è niente che noi, pescando nell’idealismo troviamo come un metodo per superare il materialismo. Per poter compiere quest’ impresa abbiamo dovuto trovare uno yoga superiore, che poi era un pensiero occidentale, dopodiché abbiamo riconosciuto lo Steiner, colui che portava il messaggio del pensiero vivente e ci indicava la Via di Michele, e quindi la redenzione del pensiero. E se uno ama la religione deve redimere il pensiero, perché senza il santo pensiero non si può percorrere la via della santità.

Quindi, questa è la vera Theosophia, perché la vera, la sana esperienza del pensiero ci porta a percepire la zona in cui ciò che ci dà le basi della coscienza affonda nel Divino, e questa comincia ad essere la vera esperienza religiosa. E se non c’è questo non si può più parlare di religione se non in termini sentimentalistici, retorici, che sono ancora buoni per un certo livello umano che ha bisogno ancora di pastore, è al livello del gregge, quindi ha bisogno del pastore, ma guai se il pastore è il lupo camuffato da pastore, e questo pericolo c’è, anzi. Quindi è un ripiego: perché il gregge possa un giorno essere condotto a una esperienza dello Spirito occorrono delle Guide spirituali, ossia occorrono degli esseri che abbiano superato questo carcere della cerebralità.

Quindi l’amare il prossimo… “Ama il prossimo tuo come te stesso” è bellissimo, è veramente una formula meravigliosa; però uno può anche dire “E’ bellissimo, io voglio fare questo” dopodiché finisce tutto lì perché appena passa per Via Cavallotti incontra uno che je pesta il piede… : “Ahò, beh?!?” e lo vorrebbe uccidere, oppure arriva quello delle tasse… addio “Ama il prossimo tuo come te stesso”, perché che cosa è questo? E’ un sentimento e questo sentimento bisognerebbe tradurlo in una idea, questa idea in una forza, questa forza deve caricarsi di volontà e allora diventa potente come un istinto. Se diventa potente come un istinto allora avrete Madre Teresa di Calcutta, la citatissima, perché… le siamo molto grati perché ci abbiamo un esempio a cui ricorrere continuamente. Dove la piglia la forza di volontà questo essere? E’ eccezionale perché non conosce certamente la Via del Pensiero ma la forza ce l’ha, ma noi conosciamo l’origine di questa forza. E’ la stessa forza che in altri agisce negativamente come potenza d’istinto. Infatti gli uomini quando sono fatti forti degli istinti sono formidabili, perché non è la forza loro, non è la forza della volontà, è la forza dell’animalità istintiva. Ora, quando la nostra volontà, liberata dalla cerebralità riesce ad avere la stessa forza nell’amare il prossimo come te stesso allora realizziamo il Christo. Ma vedete che si tratta di superare sempre quel limite. Quindi mi pare di aver risposto al potentissimo amico.

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Qui ci avremmo una domanda del Filarcante, uno che firma il “Filarcante”. Dice “Intesa sull’orientamento verso la cultura, un nuovo Platone, tanto per intenderci, vorrei sapere: questo nuovo Platonismo si continua in quello che sfociò alla fine del secolo 16° nel chiaro bruno di Nero Giordano”, ah, il Giordano Bruno. Sic sunt bona nostra!

E questo va benissimo, perché prelude qualche cosa che noi dovremmo realizzare un giorno mediante la Tripartizione.

Questo ci rimanda a quella meravigliosa immagine mediante cui il Christo indica – non solo instaura la Eucarestia,  ma indica – il vero senso della liberazione dell’uomo. Ma siccome qui c’è una domanda che mi porta proprio a quest’argomento, la prendo subito, e dice:

“Il pensiero liberato come memoria del Logos”

schiavi ai lavori forzati -

Ecco, avevamo parlato appunto del pensiero celebrale che non è libero, perché determinato dai dinamismi cerebrali, quindi la lotta è lunga.

Ora quando il Christo istituisce la Eucarestia dice “Fate questo in memoria di me”, ricordate chi sono Io: ma questa memoria è una memoria cosmica, ossia, ricordate che sono l’origine del Sole, l’origine della Terra, l’origine di tutto ciò che della Terra è solare; e poi nella coppa, dà la bevanda che il nuovo patto…

Però tutto questo ci rimanda a quello che Lui dice, con cui risponde alla tentazione di Arimane, quando parla del pane. A quella tentazione il Christo risponde dicendo: “Non si vive di solo pane”. E lì il Vangelo dice che dopo, Arimane si allontanò, ma per poco tempo;  qui abbiamo il commento del Dottore che dice: “Sì, perché?”

Perché c’era una sostanza arimanica, che è il metallo della terra, che avrebbe agito in Giuda perché i trenta danari erano argento. I metalli argento e oro sono metalli arimanici.

E finché il pane si paga con metallo arimanico, quel pane non dà nutrimento spirituale, invece Lui lo dà come qualche cosa che non soggiace ad Arimane, questo nutrimento.

Ora pensate alla Tripartizione, in cui c’è un’idea luminosa, che farà – se le cose andranno bene, fortuna dell’avvenire – che il lavoro non deve essere pagato, che uno non deve lavorare per vivere, perché il lavoro non è comprabile, e quindi il pane non deve soggiacere al danaro; ossia il pane è il frutto della terra, ossia il frutto dell’ antico Sole, e quindi viene, è il Corpo del Christo,  infatti ecco l’Eucarestia, che è questa.

Però finché Arimane domina il pane mediante il danaro, quel pane non può aiutare l’uomo.

E’ quindi l’idea luminosa, … che però bisogna andare cauti a dirlo, perché sennò ti pigliano per pazzo, e già è avvenuto che dicessero “queste sono utopie…”, ma realmente se si vuole uscire da questo carcere di cui dicevamo,  si deve capire che il lavoro non può essere comprato: il lavoro non è merce,  e che bisogna liberare il pane dal metallo arimanico, e allora finalmente avremo via libera verso il Logos.

E questo pensiero liberato, che cosa è, se non quello di cui dicevamo prima,  che è il pensiero che supera il limite celebrale.

Il limite celebrale è un limite arimanico.

Noi sappiamo benissimo che l’uomo è dominato nel pensiero dalle potenze arimaniche e luciferiche, e che rari sono gli esseri che non vengono dominati così.

Coloro che conoscono la meditazione sanno che sforzo doloroso devono compiere per aver un pensiero che non sia dominato dai due, perché quotidianamente noi dobbiamo pensare secondo un condizionamento.

E siccome per l’umanità attuale c’è il pericolo – dal punto di vista arimanico – che l’uomo cominci ad avere un pensiero autonomo, Arimane ha fatto un grande giuoco col distruggere l’economia terrestre, in modo da arrivare a una preoccupazione continua in tutta la Terra per la vita, per il sostentamento quotidiano, in modo che l’uomo non abbia più tempo da pensare alle cose dello spirito, e quindi la preoccupazione per l’esistenza – il mezzo diventa il fine – e in questo c’è riuscito: perché Arimane sa benissimo che se degli esseri possono esseri indipendenti da questo, hanno la sagacia di usare bene il loro tempo, ossia la sagacia di dedicare il tempo alla meditazione, che diventa sempre più difficile, perché il tempo ci viene invaso dalla serie degli incidenti del giorno.

Quindi questa lotta sarà vinta dai portatori del Logos Solare, quindi “Portae inferi non praevalebunt”. Tuttavia bisogna guadagnarselo, con volontà decisa, e con coraggiosa insistenza nel giusto atteggiamento.

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E adesso….

”Io mi sento nel sentire, come è possibile volersi nel volere, onde realizzare il Christo in me?”

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La chiave è sempre il pensiero.

E poi dobbiamo ricordare la tecnica che è suggerita dal Dottore.

Nel pensare si può dire che noi ci dobbiamo mettere fuori del pensare.

Infatti l’esercizio della concentrazione ci porta ad obiettivare il pensiero, e dobbiamo insistere a lungo proprio per poter vedere il pensiero come un ente dal quale siamo indipendenti, un ente che ci dà l’esperienza dell’identità dell’Io, perché finalmente l’Io, piuttosto che essere riflesso dalle sensazioni fisiche, per cui siamo continuamente alla mercé di tutto quello che fisicamente accade, viene riflesso dalla corrente eterica del pensiero.

E lì noi abbiamo la prima immagine dell’Io.

Avuta questa immagine, l’Io ha una indipendenza, consegue una indipendenza, per cui vede le entità del pensiero obiettive, fuori, e gli esseri che portano il pensiero, sia degli spiriti elementari sia cosmico, sono delle entità da cui l’uomo si distingue, quindi c’è proprio un distacco dell’Io dal pensiero.

Diversa è l’esperienza del sentire: nel sentire dobbiamo sentirci dentro.

Se siamo capaci di questa indipendenza dal pensiero, noi possiamo avere la vera esperienza del sentire entro il sentire: bisogna tuffarsi nel sentire, come qualcuno che si tuffa nell’acqua, però sa nuotare, oppure come un pesce: perché il sentire è simboleggiato dalle acque, e nelle acque il pesce si trova molto bene, perché non è afferrato dalle acque, scivola nelle acque, non è prigioniero dell’acqua il pesce, ma è libero, guizza dove vuole, non solo, ma… si potrebbero dire diverse altre cose.

Comunque entro il sentire.

Allora noi ci sentiamo in una zona in cui agisce il Logos, perché questa domanda dell’amico che parlava del Christo ci rimanda veramente a questa esperienza del sentire, che non può venire se non c’è liberazione del pensiero.

Quindi difficile farlo capire a coloro che non conoscono la Scienza dello Spirito, perché altrimenti si sperimenta un sentire inevitabilmente luciferico, soggettivo, chiuso dentro di noi, che può anche avere esaltazioni, quelle esaltazioni sono veramente retoriche, tant’è vero che la Chiesa per secoli ha sempre temuto in certi mistici simili esaltazioni, e giustamente! Si può avere invece l’esperienza mirabile del sentire come il sentire del Logos, allora si comincia ad avere una sintesi di pensare e sentire, questa è la Via di Michele.

Infatti entusiasmo per il pensiero puro è il vero sentire.

Per il volere, invece, le cose sono diverse: si tratta di sentirsi al di sopra del volere, come uno che sentisse al di sotto di sé un cavallo. Entro… dunque…: dinanzi al pensiero, entro il sentire, al di sopra del volere; come se il volere fosse una forza che noi vediamo scorrere nelle membra, nel sistema di ricambio.

Naturalmente tutto questo deve essere tradotto in immagine pertinente, non è niente di astratto, risponde veramente ad una configurazione occulta dell’esperienza. Se noi ci identifichiamo con il volere in altre zone dell’essere, questo è provvisorio; anche nella testa ci possiamo… se noi, per esempio, sentiamo il punto in cui nasce il pensiero e sentiamo veramente scaturire il pensiero, è un’esperienza abbastanza lucida e viva, e direi… benefica. In quel momento c’è una corrente del volere ma tende a scendere in basso e lo stesso può avvenire anche nel cuore.

E l’esperienza, invece, del volere, autentica, è qualche cosa che ci porta a vederlo come un sostegno di tutta la vita, della vita, alla stessa maniera che gli arti sostengono, sì, gli arti, ma specialmente gli arti inferiori, sostengono tutto il corpo.

Il tronco non ha nessuna partecipazione a questo e il volere bisogna sentirlo come una corrente indipendente dal tronco. Il tronco deve riposare, perché è il punto in cui operano le forze della Buddhi, ossia del Sentire Superiore, quindi del Logos, e deve essere lasciata una grande quiete a questa zona, perché le potenze del volere possano essere al massimo dinamiche, e allora questo volere ci aiuta, ma noi dobbiamo aggiungere che giovarsi di questo volere, implica dei doveri interiori precisi, perché siccome dà una grande forza, bisogna poi questa forza usarla saggiamente, altrimenti… basta un uso irregolare di questa forza e non solo sparisce l’esperienza ma avvengono cose piuttosto pesanti.

Quando questa corrente della volontà è in accordo con l’Io, quindi con il pensare e il sentire, allora veramente si può sentire l’ Io Superiore, l’Io in se stessi e questo è come dire: “Non Io, ma il Cristo in me”. Credo che non ci sia da aggiungere altro perché il tema è piuttosto delicato.

E adesso vediamo di concludere con una…

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 “Ci avviciniamo alla Pasqua, ora come non mai, in questi terribili giorni di tenebra dell’umanità, la nostra comunità spirituale dovrebbe meditare sulla discesa della sostanza del Sovrano Amore nei cuori degli uomini e nel cuore della terra. Perciò è importante riaccendere in noi, con il potere sacrificale della parola ispirata dalla diretta esperienza il ricordo del Sacro Evento, così che ne possiamo effettivamente essere degni.”

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 (Marina Sagramora – Vegetaura)

Sì, l’evento della Pasqua si prepara anche con un mutamento nella vita della natura, con un irrompere delle forze vitali della natura, che per questo devono servirsi di spiriti elementari superiori e di spiriti elementari inferiori.

In questo processo, le entità luciferiche e le entità arimaniche tendono ad afferrare l’uomo: le entità luciferiche mediante la respirazione, le entità arimaniche mediante la sollecitazione di tutti i processi minerali che dal profondo vengono mossi dalle radici delle piante. E quindi c’è un processo che noi possiamo chiamare minerale-calcareo mediante il quale le potenze arimaniche superano diaframmi e dal profondo della terra tendono ad elevarsi verso l’uomo, per il fatto che nelle piante avviene un trapasso di queste forze e poi l’uomo ne viene assediato e quasi reso ottuso, per il fatto che la gioia vitale della primavera lo rende ottuso.

Ecco, questa è un’ osservazione che possiamo ricollegare col fatto che l’uomo è diventato un essere cerebrale e che quindi quando sente gioia, è difficile che sia una gioia dello Spirito, è una gioia animale. Quindi tutto quello che viene come vitalità della primavera è preventivamente afferrato da queste potenze.

Nella primavera le entità luciferiche e arimaniche sono congiunte per distruggere l’uomo e per un certo periodo ci riescono, è un periodo pericoloso. Ci riescono… ah, l’uomo è difficile che se ne accorga però… se segue bene se stesso se ne accorge. E specialmente coloro che hanno una vita interiore ritmica si accorgono che prima della Pasqua c’è una lotta per mantenere l’Io indipendente dai processi vitali della primavera.

Bisognerebbe andare in campagna e avere un’esperienza pura della nascita, dello sbocciare delle gemme, dell’aprirsi dei fiori, e superare l’elemento animale ed estetico anche – perché estetico/sensuale – per poter afferrare ciò che di cristico c’è nelle forze della primavera. Ossia sono forze di nascita che però, qui questa poesia della primavera la cogliamo in un fatto esteriore, però dobbiamo anche pensare che ci sono forze che si imprigionano nelle forme delle piante per dare questa vita, quindi c’è un sacrificio.

Questo sacrificio però deve essere seguito dall’uomo, e l’uomo deve sentire la poesia di questo sacrificio e nella contemplazione pura dei processi di rinascita della natura, a cui non deve essere estraneo il pensiero dell’autunno – perché tutto questo deve essere sentito ritmicamente – con questo l’uomo redime, si rende indipendente dalle aggressioni luciferico-arimaniche, che si può dire che questo è il periodo dell’anno in cui queste entità hanno la speranza di distruggere l’uomo.

Voi potete dire: ma che se ne fanno se l’uomo è distrutto? No, perché loro pensano di incamerarlo, Lucifero, in una zona in cui lui vive spiritualmente e Arimane nella terra. Tutto questo a un certo punto viene… subisce un colpo di scena: nella Settimana Santa si acuisce la tensione, però coloro che meditano possono anche sentire la vita del Graal e prepararsi… preparare l’anima al Venerdì Santo e riconoscere la storia di Parzifal. E se arrivano a quella settimana con animo desto, allora l’evento della Pasqua ridà ad essi la forza, ridà l’elemento magico-solare di cui hanno bisogno. Naturalmente noi ci riserviamo di parlare di questo quando l’evento è più vicino, in maniera da poter dire qualche cosa di più pertinente riguardo alla Resurrezione.

In questo evento della Pasqua noi abbiamo l’occasione di collegarci con quello che di vivente oltre i processi luciferici  e arimanici è nella natura, però dobbiamo essere persuasi che non si tratta di niente di vitale, e di fisico: si tratta di processi assolutamente interiori che però, nelle fioriture, nel verde, nel verde tenero della pianta, nell’irrompere della vegetazione ha un simbolo; ed è difficile liberare questo simbolo dalla retorica estetica e dal piacere vitale. E’ qualche cosa di più sottile, di più radicale che ci rende capaci di sentire, nella primavera, la forza della Pasqua. Il pensiero della morte e della Risurrezione ci aiuta a sentire il valore vero della primavera. E questo lo possiamo fare fin d’oggi, qualcuno si può anche giovare, per esempio, della descrizione della Emmerich.

UN GIOVANOTTO ESEMPLARE

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Attila (detto Etzel nella canzone dei Nibelunghi) è, storicamente una figura misteriosa. Vediamo di seguirlo con l’aiuto del Dottore.

Già le rappresentazioni storiche sono contraddittorie: le saghe e le epopee di popoli diversi danno di Attila una visione che contrasta col terrore con cui viene ricordato nel sud dell’Europa. Infatti presso i Germani e gli Ungheresi (per non parlare di Prisco, ambasciatore bizantino che lo conobbe) Attila viene descritto come un nobile eroe, un grande re, degno di sposare la vedova del sommo Sigfrido e chiamato a compiere un’alta missione per l’umanità.

Nei paesi meridionali invece e ancora oggi la parola “Unni” è sinonimo dei più inumani, spietati distruttori. Attila è il mostro orrendo del genere umano, la crudeltà e la barbarie fatta carne.

Veniva detto che gli Unni passavano la vita sul dorso dei cavalli: giorno e notte, staccati dal suolo e in moto quasi perpetuo. Pare anche che non possedessero leggi o ordinamenti, né scritti né orali e tuttavia nella loro azione, nel combattimento regnava una perfetta unità, un “disegno” impercepibile, simile a quello che guida gli uccelli migratori.

La scienza dello spirito ci dice che essi non avevano una coscienza diurna troppo dissimile da quella notturna e, non mettendo piede in terra, era come se vivessero nei moti dell’aria e con una possente organizzazione istintiva che nessun altro esercito poteva contrastare.

Gli Unni rubavano, massacravano, sterminavano: la sola notizia del loro giungere diffondeva una paralisi di terrore negli animi: così si moriva prima di morire.

Steiner li caratterizza dicendo che erano avanzi atlantidei: senza ordinamenti né leggi poiché ancora immersi in una coscienza chiaroveggente, quasi identica di giorno e di notte, non delimitata. La possibilità di operare con gli spiriti della natura cavalcava insieme all’ignoranza del senso del dolore e persino la morte fisica era per essi diversa da ciò che intendiamo comunemente.

Gli altri uomini avevano subito una grande trasformazione dall’epoca atlantica al IV e V secolo dc, mentre gli Unni, rimasti in parte nella coscienza atlantica (quindi luciferizzati) erano come una sorta di corpo estraneo per la restante umanità.

Tutte le leggende sugli Unni e su Attila confermano l’indole atlantica di questo popolo: in tempi assai remoti viveva nel centro dell’Asia una meravigliosa regina di nome Eneh. Essa aveva due figli: Hunor e Magyar (dunque capostipiti di due popoli: gli Ungheresi e gli Unni).

I due fratelli, appassionati cacciatori – così racconta la storia – inseguirono un cervo meraviglioso, sino ad un paese “ove il sole non tramontava più ad Occidente ma a Oriente”. Smarrito il cervo, trovano un boschetto dove due figlie di re imparano a diventare fate. I fratelli rapiscono le fanciulle e successivamente le sposano. Il luogo dove avvenne il rapimento divenne la seconda patria degli Unni: l’Ungheria, la grande pianura tra gli Urali del Sud e il mar Caspio.

Qui essi svolsero la loro vita nomade ma nel IV secolo questo immenso paese non basta ed iniziarono le scorrerie verso Occidente: questi primi urti spingono a loro volta, verso Occidente, popoli germanici e slavi: è fatto storicamente riconosciuto che la migrazione dei popoli fu iniziata dagli Unni ed ebbe termine con gli Ungheresi, loro popolo fratello, sul finire del IX secolo.

Rudolf Steiner parla dello sfondo spirituale di questa migrazione di popoli. Egli dice che essa fu inserita nella storia dell’umanità a causa del romanesimo che erigeva un carattere mondiale di uniformità, nemico dell’Io. Questa tendenza arimanica divenne pericolosa quando l’Impero iniziò a trasformare l’impulso cristiano in organismo esteriore.

Molto era già compiuto in questa direzione: gli gnostici erano stati sterminati, così i Manichei in Oriente: a Roma i superstiti venivano perseguitati orrendamente: nato fin d’allora, il concetto di eresia uccideva i più alti e nobili impulsi spirituali dell’umanità.

Secondo il disegno spirituale del mondo, la migrazione doveva combattere la base arimanica del decadente potere romano.

A mio parere è impossibile stabilire se gli Unni avessero consapevolezza della loro missione, però le leggende narrano che i sacerdoti avessero indicato, con precisione, che un grande re sarebbe sorto ed avrebbe avuto tra le mani “la spada di Dio” e la considerazione tra le genti come “flagello”.

Sappiamo che Attila fu consapevole del suo compito e per suo mezzo anche il popolo unno: ciò appare nella obbiettiva relazione di Prisco, ambasciatore bizantino. Secondo la scienza dello spirito, Attila possedeva una iniziazione atlantica che lo aveva dotato di forze e capacità occulte, così che i contemporanei vedessero in lui non solo un re e condottiero ma anche un mago. La leggenda racconta che il suo sguardo e la sua spada – la spada di Dio – sempre tenuta in mano, erano sufficienti per morire all’istante.

Si ritiene che Attila fosse nato in riva al Volga (Athlys). Il punto di partenza delle sue imprese fu l’odierna Ungheria che divenne la sede principale del suo regno che si estese dalla Scandinavia al Mar Nero. Divenne re nel 435.

La disciplina di iniziato, delle cui manifestazioni esteriori ci informa ancora Prisco, lo differenziavano molto dal carattere generale del suo popolo. Attila dominava costantemente la focosità, l’impulsività: i suoi tratti non si atteggiavano mai né al riso né al pianto: taciturno e impassibile, la disciplina esaltava queste sue qualità. Era immune da ogni sfarzo, indossava una semplice veste nera e beveva da rozzi recipienti di legno.

Sin dalla gioventù, Attila venne riconosciuto dal popolo come il predestinato e la missione del popolo unno era totalmente congiunta alla sua individualità. Convinzione fortissima e tale che nonostante avesse figli carnali, non vi sarebbe stato alcun successore e persino che, alla sua morte, sarebbe perito tutto il suo popolo.

Tale convincimento era diffuso in tutte le classi del popolo: Prisco ne parla nella sua sobria esposizione: Attila, come Wotan in attesa del Crepuscolo degli Dei, guardava giornalmente e consapevolmente la morte, sapendo che, adempiuta la missione, tutta la sua comunità sarebbe passata per l’annientamento.

La leggenda ungherese narra di un giovane toro ferito ad una zampa. Il pastore esamina allora il luogo dell’incidente e vede una punta di spada sporgente dalla terra: tra fuoco e fiamme questa spada cresce fulmineamente fuori dalla terra. Viene subito portata ad Attila. Questi traccia con la spada quattro segni nell’aria nella direzione dei venti e così si unisce con le correnti aeree per conseguire il futuro dominio sul mondo.

La storia, in (raro) accordo con la leggenda, conferma il fatto che Attila intraprende il compito di essere il flagello di Dio soltanto dopo aver trionfato su se stesso. Dovette sciogliere i legami affettivi più importanti: con Honoria, figlia dell’imperatore romano, col proprio fratello maggiore Buda (fondatore della futura capitale ungherese Buda-pest) e con Ezio, l’amico più intimo e profondo. Così strappò dal suo cuore amore, gratitudine e fedeltà: così poté intraprendere la sua missione.

E’ ancora fatto storico che Attila fu riconosciuto e considerato dalla maggioranza dei popoli germanici. Accanto agli Unni, le sue schiere furono colmate da numerosi Germani. Il fatto storico fu adombrato nelle epopee in cui si narra del matrimonio di Attila con Crimilde, come ho citato all’inizio.

Attila passò di vittoria in vittoria. Roma, quando se ne accorse, raccolse tutte le sue forze per fermare la sua avanzata con le truppe guidate da Ezio, l’amico di gioventù tradito. La battaglia decisiva fu combattuta nella attuale Francia, sui campi Catalauni sul fiume Marna (là dove, nell’autunno del 1914 ebbe luogo lo scontro tra l’Intesa e le Potenze centrali).

Sui campi Catalauni avvenne una delle più spaventose battaglie della storia mondiale: l’esercito romano fu sterminato e quello unno fortemente indebolito. Fu chiamata “la battaglia dei morti”.

Attila tornò in patria a raccogliere nuove schiere e ben presto marciò verso Roma per giungere alla vittoria finale.

L’esercito romano non esisteva più: fu comandato ad Ezio di riformare un nuovo esercito, ma con chi? Infatti Ezio rifiutò l’incarico.

Nel momento della estrema disperazione, il vescovo di Roma, Leone il Grande, mise a disposizione la propria vita e si offerse di andare da Attila insieme a due inermi compagni per chiedere la grazia…e la storia si vela di mistero poiché Attila si ritrasse con le sue schiere e tornò in patria.

La leggenda, rappresentata da Raffaello in un affresco del Vaticano, vuole che, all’incontro con Attila, oltre al vescovo Leone si presentassero al suo sguardo interiore una o due figure librate nell’etere e munite di spade:   queste figure dissero ad Attila che anche le loro spade erano di Dio e più alte e possenti della sua e con queste spade avrebbero combattuto a fianco di Leone e avrebbero vinto. Attila riconobbe la verità di queste parole e immediatamente si ritirò.

Gli storici sorridono davanti a questa narrazione, poiché nell’indole crudele e impavida di Attila, coerente lungo tutta la sua vita, non si riscontra alcun tratto di timore o paura. Però non trovano alcuna soluzione razionale per un accadimento così inspiegabile.

Rudolf Steiner ci dice che al momento dell’incontro di importanza mondiale, Attila effettivamente riconobbe che l’individualità di Leone si presentava con i caratteri sovrasensibili del nuovo Iniziato, di fronte al quale le forze atlantiche non potevano più affermarsi. Il compito del re unno si era adempiuto con l’annientamento dell’esercito romano. E poiché, come Iniziato, egli seguiva le norme date dalle potenze dello spirito, il nuovo fatto che ravvisò lo determinò a retrocedere.

Dopo il ritorno in patria la vita di Attila si chiude e con essa il regno degli Unni. Si narra che innumerevoli persone del seguito di Attila lo abbiano accompagnato nel sepolcro acqueo e con ciò fossero “morti da vivi”. La salma fu posta in un triplice feretro d’oro, d’argento e di ferro. Il Theiss (fiume dell’Ungheria) fu deviato dal suo letto naturale: in un punto fu posta la bara e coloro che vollero (o dovettero) morire col re. Poi l’acqua del fiume fu fatta scorrere nuovamente nel suo letto.

Una bella leggenda racconta che un grande numero di unni, sopravvissuti a tutte le battaglie, sotto la guida di Csaba, figlio minore di Attila, entrarono vivi nel mondo spirituale, attraverso la Via Lattea (denominata ancora ai tempi nostri, in Ungheria come “Via di Csaba”). Questo morire da vivi degli Unni, questo vivente passaggio nell’Invisibile ci indica che essi conservavano ancora qualcosa dell’antica Atlantide: morte come metamorfosi assai più che come trapasso.

La migrazione dei popoli, sostenuta da Attila, indebolì la coltre arimanica, le forze propulsive trovarono la strada e già nel VIII secolo cominciò a splendere la luce del Graal.

RICORDO DI OTTAVIANO AUGUSTO

Augusto

HODIE DUOMILLESIMUM ANNIVERSARIUM TRANSITUS ATQUE AD IMMORTALEM VITAM EXITUS C.J. OCTAVIANI FELICIS IMPERATORIS AUGUSTI! QUOD BONUM FAUSTUMQUE IN HOC DIE OMNIBUS HOMINIBUS RECTE VOLUNTATIS SIT!
CAJUS JULIUS CAESAR OCTAVIANUS, FELICISSIMUS IMPERATOR AUGUSTUS, VIR SAPIENTISSIMUS, IN MYSTERIIS INITIATUS ATQUE EPOPTA, CORDIS AMPLISSIMUS, PATER PATRIAE, AUCTOR PACIS, RESTITUTOR PIETATIS, REPARATOR JURIS AC JUSTICIAE, VIR NOBILISSIMUS CUI NULLUM ELOGIUM NUNQUAM PAR ERIT!

Oggi è il duemillesimo anniversario del giorno nel quale Caio Giulio Cesare Ottaviano, Augusto Imperatore, a Nola, in Campania, abbandonò lo scenario del Teatro del Mondo. Egli fu uomo sapientissimo, di cuore ampio e generosissimo, fautore di pace, restauratore dell’originaria pietas romana, Iniziato ed Epopta, restauratore dello jus, ossia del Diritto e della Giustizia, del mos, del fas, ovvero del sobrio e retto antico costume romano, Padre e Salvatore della Patria in un’epoca di dilanianti discordie civili e di depravazione morale proveniente dalla decadente dissolutezza orientale.

Massimo Scaligero amava ricordare le ultime parole dette da Augusto poco prima di morire, con le quali chiese a Livia, sua sposa, di ricordarsi del loro amore, e agli amici presenti se egli avesse ben recitato sul palcoscenico dell’illusorio Teatro del Mondo. Massimo affermò come tali poche e scarne parole, dette in un momento per lui così solenne ed estremo, rivelino la sua altezza di Iniziato.

A lui va il mio commosso pensiero e deferente pensiero.

ETEROGENESI DEI FINI

Paradiso 31_01-03 Rosa celeste

Oltre alla evoluzione della specie ora abbiamo anche quella dei fini.

Qualche tempo fa lessi un articolo, di cui riporto, di seguito, le due citazioni in grassetto. L’autore è un estimatore di Vico e considera questi superiore a Bruno.

“Proprio Vico ha introdotto il concetto di “eterogenesi dei fini”, che delinea un accadere il quale va sempre oltre il senso del nostro agire, una continua deviazione dagli intenti degli individui e delle nazioni, come se una Mano invisibile tirasse fili da noi inattingibili.”
Un modo, da un certo punto di vista, giusto, se si vuol riconoscere l’esistenza di un Dio padre creatore e la dipendenza eterna religiosa, totale dell’uomo; ma errato nella misura in cui si vuole a priori relegare l’uomo nella impossibilità congenita di comprendere e partecipare della creazione.

“Il bosone di Higgs è la particella che interagendo con le altre ha permesso che esse assumessero una massa. Cosa non di poco conto perchè se non si fosse verificata non si sarebbe creato l’Universo che ci ospita. Non a caso il linguaggio giornalistico ne parla come “la particella di Dio”.”
Interessante questa potenza dell’uomo di poter sperimentare Dio con una macchina costruita da lui stesso.

Sicuramente si deve dare l’onore alla scienza di voler riunirsi a quella sorgente che dolorosamente le manca, una sorta di identità perduta o genitore mai conosciuto che magari l’ha ripudiata alla nascita.

Là fuori da qualche parte c’è molto vuoto o antimateria, se lo manipoliamo però, non è detto che Dio correrà ai nostri piedi come un cagnolino.

Intanto ogni mattina l’astro per eccellenza sorge, e così pure la sua sposa alla sera.

Le acque sgorgano dalle loro sorgenti come sempre, i fili d’erba, i fiori e le piante nascono dal seno della terra.

Tutte prove di qualcosa di straordinario almeno nella misura in cui non siamo capaci di fare lo stesso.
Non parliamo poi di quel qualcuno il quale ogni volta che si mette a investigare, ad osservare, e a codificare in leggi sacre (fino a che qualcosa di straordinario non viene a correggerle e a sovvertirle) è sistematicamente dimentico di sè mentre si tuffa nell’oggetto mitizzando quest’ultimo così tanto da farsi poi alla fine condurre da esso, per riconoscenza: Viva la Materia!
Ma siamo insaziabili e scontatamente superiori di fronte a ciò che non riusciamo a conoscere, e che fino a prova contraria non ha diritto d’esistere, di essere.

Che un Dio abbia potuto amare tanto da creare noi e il mondo, e noi che a somiglianza sua tentiamo di creare per mezzo del mondo, in virtù di un pensiero che ci è stato donato ma che disconosciamo… è roba da chiesa e da hobby domenicale; intanto è proprio col pensiero che giudichiamo cosa può esistere e cosa no, insomma, ce l’aggiustiamo come ci pare, alquanto pigramente, almeno intellettualmente parlando.

Che una eterogenesi dei fini umani possa dipendere dalla nostra incoscienza di un Logos creatore e di quello umano è impossibile da considerare e contemplare fin tanto che l’uomo gioca con una macchina a cercare di produrre fenomeni automatici esclusivamente dimostrabili con leggi materiali.
Quanto potrà soddisfarci questo metodo, se la fedeltà del quotidiano che ritorna nel sole, nella luna e nelle altre stelle non basta a farci immergere con devozione e gratitudine e con coraggio in quel vuoto sacro che la tradizione perenne non osa nemmeno di nominare come Dio?

Quel che si vorrebbe materializzare e misurare ha del fanciullesco come l’azione del bimbo che immerge le dita credendo di poter toccare la luna che invece è solo il suo riflesso sull’acqua. E allora per non ammettere di voler rimanere bambini, per non riconoscere di essere degli eterni Peter Pan incoroniamo la natura a legge autocratica e dirigente, chiamiamola materia se come prova di sè ogni volta si ribella contro l’uomo, non è cosi’? La responsabilità è sempre di qualcos’altro o di qualcun altro… in mancanza la colpa è anche di un Dio onnipotente… nel frattempo possiamo giustificarci l’eventuale cronico abbandono a qualsiasi omissione o efferatezza.

Crediamo forse di aver materializzato il nostro pensiero quando fu creato il computer? Il pensare bisognerebbe distinguerlo dal pensato, che una volta tale è donato – appunto  dato – al mondo, privo della sua sorgente originaria, un dato che non dovrebbe diventare nostro tiranno.

Forse dovremmo svuotare di filtri e condizionamenti logici – da noi creati ma poi morti – il nostro pensare ordinario e unidirezionale, ossia dovremmo svuotarlo di ciò che lo imbriglia e lo zavorra, per poterlo finalmente vedere come è e sperimentarlo indipendente e puro nella coscienza, così come si dona tutto nell’oggetto della scienza quando si immerge e sprofonda nel mondo delle percezioni.
Diventare noi simili a quel vuoto tanto da poterlo conoscere: come dire che dovremmo diventare della stessa natura del vuoto, svuotarci noi stessi.

Poter risalire il riflesso argenteo fino a toccarla veramente la luna… E dalla luna ritrovata contemplare il sole….. questo è il mistero della nostalgia e del dolore dell’anima umana, destinata, se saprà volerlo, ad abbracciare dal piedistallo di falce luminosa tutta la creazione.
Scoprire questo mistero forse ci libererà dalla ferrea legge di natura che crediamo esclusiva pazza conduttrice anche dell’uomo mentre scioccamente, paradossalmente, nello stesso tempo cianciamo e sogniamo di libertà umana.

Finchè ci sottomettiamo scontatamente all’eterogenesi del finalismo di natura, il nostro parlare di libertà rimarrà tale, solo un sentimento, un capriccio, una retorica.

La materia è forma, e quando troveremo ciò che la anima forse l’uomo conoscerà la sua vera natura e la sua vera evoluzione.
Intanto, se crediamo che la materia pensi e non che quest’ultima sia invece un pensato del pensiero, ossia di un pensiero la cui forza una volta conosciuta possiamo sperare di poter dirigere a sanare noi stessi e il mondo, rischiamo di venderci prima di nascere: stiamo infatti per riconoscere in un mero meccanismo economico, da noi all’infinito astrattamente ed empiricamente manipolato, il nostro padrone: se questo è essere umani, logici, e concreti e scientifici …

L’economia è attività in sè pura e giusta, dell’uomo, fintanto che da spirito di giustizia e libertà essa viene generata.
Quando all’attività si concede potere su di noi essa perde la sua caratteristica di armonizzatore sociale.
Attenzione dunque agli sbandieratori di una pura giusta e libera economia a legiferare sugli uomini, è un inganno. Una economia giusta per tutti non può esistere senza “l’uomo” che la diriga.

Mente quindi chi blatera di una classe dirigente economica, finanziaria, apolitica e apartitica: non esiste, mentre vorrebbe invece imporre ai popoli e alle nazioni la sua personale politica, il suo proprio partito di interesse, promettendo come un qualsiasi altro pensiero corrotto, in base a sole demagogia, retorica e dialettica.
L’economia giusta deve essere giusta conseguenza di spirito di giustizia e libertà, ossia di corrispondente attività interiore continua. Questa è l’irrinunciabile Politica di cui improntare la vita sociale.
Oggi invece vogliamo far dipendere dall’economia la possibilità della giustizia e della libertà.
Se non ci svegliamo e non rimaniamo desti la nostra sofferenza per le ingiustizie,  le nostre emozioni e i nostri sentimenti saranno manipolati e usati contro di noi dagli stessi cattivi economisti tecnici e banchieri che ora rifiutiamo e contestiamo.

Conclude kantianamente il sostenitore del pensiero di Vico: “Tutto ciò (i limiti dell’uomo) è traducibile in conclusioni operative. Ci dice che siamo tenuti a fare la nostra parte nel processo storico e nella contingenza del periodo che la sorte ci ha assegnato, ma nella consapevolezza che il corso delle cose sarà profondamente diverso da quello per il quale abbiamo operato. Esserne convinti non ci esime dall’impegno e nello stesso tempo è il migliore antidoto al fanatismo.”

Non mi sembra questo un pensiero tessuto di logica bensì di fragili e inconsistenti basi, di fatalismo e ossequio proprio a quella legge dell’evoluzionismo che si vuole contestare, che più che farci considerare solamente umili (l’umiltà non è cosa cattiva in sè) anche rischia di farci disattendere il compito di partecipazione alla costruzione di un nostro sè migliore, di un mondo migliore: con ciò rendendoci ipocriti quando moralisticamente andiamo a criticare coloro che sempre in base a questo assunto kantiano invece che cedere al fatalismo magari si sentono giustificati ad operare anche il male, perché magari chissà, se i buoni nel fare il bene possono causare un male, magari a fare del male si può causare un bene…

Penso che dare attenzione scientifica ai fenomeni per ricavarne loro intrinseche leggi sia insufficiente; stessa attenzione deve darsi al pensare che come minimo dobbiamo riconoscere essenziale nella fase di constatazione e presa d’atto delle cose e del loro corso: senza il pensare non ci accorgeremmo nemmeno dei nostri disagi, dell’impotenza, dell’ inconcludenza, del fallimento, delle delusioni….di noi stessi.
E forse chissà, potremmo scoprire che ad esso, al pensare, non è solo possibile e concesso di prendere atto delle cose ma anche di potere influire sulla realtà.
A quel punto sarà importante mettere da parte il fatalismo perchè magari a sforzarsi un pò sorgerà impetuosa una domanda: E se oltre che a ritenere essenziale per l’uomo l’esercizio della Scienza sui fenomeni dimostrabili materialmente – onde aumentare il bagaglio di conoscenza dell’uomo visibile e dei fenomeni visibili – se accanto a questa Scienza si potesse autonomamente e liberamente applicare un metodo, una Scienza del pensiero, quindi dell’invisibile, di quell’invisibile e immateriale che usiamo inconsapevolmente o automaticamente tutti i giorni solo per incensare e curare il materiale, forse scopriremmo che come contribuiamo (così come stiamo facendo) all’essere dell’attuale economia, in quanto uomini che agiscono e lavorano, forse allo stesso modo possiamo modellarla con consapevolezza questa attività affinchè non finisca sempre di soffocare e asservire l’uomo.
In fondo è proprio una partecipazione incosciente, immatura, che rende malsana l’economia e suscettibile di essere abusata dai tornaconti egoistici e corrotti di persone, istituzioni delegate a dirigere le attività e i governi.

Sarebbe un peccato buttare alle ortiche gli entusiasmi e le buone intenzioni di propositori di alternative economiche quando questi attribuiscono solo a un meccanismo declinato in manuali e leggi economiche, equazioni e parabole, la speranza e il potere di sanare e prevenire gli squilibri. La fragilità delle azioni suddette sarà simile a quella delle azioni degli attuali esperti in carica che contestiamo, perchè in comune avrebbero l’esclusiva fede nei meccanismi ponendo in secondo piano, e/o conseguenti, la giustizia e la libertà.
Più che di appropriazione di materiali e/o imposizione di gestione di determinati meccanismi, quel che conta è la cosciente partecipazione attiva e costante di un pensare risvegliato che può garantire a sua volta nel tempo l’esercizio della forza correttrice delle attivita’ umane e quindi degli stessi meccanismi economici.

Forse la corruzione di dirigenti economici e di popoli non è identificabile e sanabile se prima non si risale alla causa prima che è l’errore del pensiero o la sua imperfezione, perché ad accanirsi sulla corruzione in sè, unicamente in base a leggi date, non si agisce sul nostro pensare errato o atrofizzato, o basato su predeterminatezze, che continuerà a generare l’errore in quanto non considerato e curato nella sua totale potenzialità.
Il denaro in sè non è il male, esso è simbolo di potere di giusto scambio e fraternità; la possibilità del suo male o del suo errore può risiedere nel suo errato ab-uso.

Abbiamo tutti la potenzialità del pensiero. Ognuno dovrebbe sviluppare il proprio.
Gli errori e le sofferenze, i dilemmi sono lì per darci un segno.
Non è troppo tardi.

E davvero siamo liberi, non di fare quello che ci pare, ché questa e’ solo dittatura dell’istinto, bensì di poter scegliere tra diventare uomini nuovi, completi e attivi, e quindi co-creatori del nuovo oppure rimanere gli stessi pigri e pavidi di sempre all’ombra protettiva e sostitutiva del padre a subire quel che i fini casuali della natura (nostra e del mondo) ci impongono perché essa non ha ancora chi, in consapevolezza e autocoscienza, liberamente, l’abbia conosciuta ed amata, ma al massimo, solo fideisticamente, fatalisticamente, accettata e temuta.

STIRB UND WERDE

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Chi si interessa di antroposofia ha sentito o letto quasi certamente la frase Muori e Diventa (Stirb und werde) e sa pure che fu coniata da Goethe. Difficilmente conosce il contesto in cui troviamo questo intenso e profondo ammonimento o se vi aggrada di più, questa splendida intuizione.

Essa si trova in una organica miscellanea che il Poeta scrisse tra il 1814 e il 1819 (anno di pubblicazione) con il titolo di Divano occidentale-orientale. Poco prima Goethe conobbe la traduzione tedesca del poeta Hafiz che lo colpì al punto di considerarlo il suo gemello spirituale. Questo incentivò in lui la conoscenza del Corano, del Libro di Kabus, poi ancora delle relazioni di viaggio, da Marco Polo alle recenti.

E’ stimolante per Goethe l’aria in cui respirano i maggiori poeti arabo-persiani del tempo che va dal 1000 al 1500: vivacemente e giocondamente fruitori della vita dei sensi ma altrettanto volti all’interiore ricerca del divino, spregiudicati davanti società, stato e religione ufficiale ma insieme attenti ai riposti significati che balenano dietro il comune apparire delle cose.

All’inizio del libro, nel capitolo intitolato Libro del Cantore, troviamo una poesia – tra tante! – che fu scritta il 31 luglio 1814 e che in prima stesura fu intitolata Sacrificio di sé, poi Perfezione ed infine Anelito spirituale:

Non ditelo a nessuno, solo ai savi,

perché la folla tosto si fa gioco:

io voglio celebrare ciò che vive,

che sospira la morte in mezzo al fuoco.

Quando tranquilla la candela splende,

nel refrigerio di notti d’amore,

donde tu avesti e dove hai dato vita,

un ignoto contatto ti sorprende.

La tenebra prigione

in sé più non ti tiene,

ti attira nuova brama

a più alta congiunzione.

Non distanza ti vince, affascinata

a volo eccoti giunta,

anelando alla luce,

o farfalla, tu infine sei consunta.

E finché non avrai compreso questo:

muori e diventa!

non sei che ospite mesto

qui sulla terra spenta.

C’è un giunco tuttavia, ch’emerge vivo

il mondo a raddolcire!

Quand’esso sta tra le mie mani e scrivo,

un fiume possa di dolcezza uscire!

*

Sempre nel Divano occidentale-orientale, nelle Note e Dissertazioni per una migliore comprensione del “divano occidentale-orientale”, all’inizio del capitolo intitolato Idee Generali, Goethe riporta il commovente scritto di Nizami, poeta persiano. Scritto che nelle parole del Dottore è divenuto l’asciutto paradigma di un importante esercizio dell’anima.

Il Signore Gesù, quando percorreva il mondo,

passò una volta accanto ad un mercato;

giaceva per terra sulla via un cane che s’era

trascinato a morire sulla porta di casa.

Lo circondava un crocchio di gente,

come gli avvoltoi s’affollano attorno alle carogne.

L’uno diceva: – Il mio cervello

non regge al puzzo. –

E l’altro: – Perché starlo a guardare?

I morti senza tomba portan solo sventura. –

Così ognuno cantava il suo ritornello

per denigrare quel povero corpo di cane morto.

Quando fu la volta di Gesù,

Egli parlò senza disprezzo, benignamente,

parlò secondo la sua indole buona:

I denti, disse, son bianchi come perle.

A queste sue parole arrossirono i circostanti

come conchiglie che una fiamma attraversi.

LA VITA DELL'ANIMA (3° SCRITTO)

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L’anima sulla via dell’auto-osservazione

Nel sogno, l’anima coglie se stessa in una forma fugace che è una maschera.

Nel sogno senza sogni, apparentemente, essa si perde del tutto.

Nell’auto-percezione spirituale ottenuta mediante una meditata riproduzione del sogno, l’anima perviene a se stessa in quanto entità creatrice di cui il corpo è l’immagine.

Ma il sogno affiora dal sonno. Chi si propone di sollevare il sogno alla chiara luce della coscienza, deve anche sentirsi spinto ad andare oltre. Lo fa, quando cerca di sperimentare coscientemente il sonno senza sogni. Ciò sembra impossibile. Poiché nel sonno la coscienza, appunto, cessa. E pretendere di sperimentare coscientemente l’incoscienza, sembra una pazzia.

Ma la pazzia appare subito in altra luce, se ci si contrappone ai ricordi che si possono seguire retrospettivamente, da un determinato momento fino all’ultimo risveglio. Allora però bisogna procedere collegando in modo assolutamente vivo le immagini della memoria con ciò che esse rammemorano. Se allora si cerca di risalire all’indietro fino alla successiva immagine mnemonica cosciente, questa è situata prima dell’ultimo sogno. Se si compie realmente il collegamento con l’oggetto del ricordo, sorge una difficoltà interiore.

L’immagine mnemonica successiva al risveglio non si può accostare a quella antecedente al sonno.

La coscienza ordinaria supera la difficoltà effettuando il collegamento debolmente con l’oggetto ricordato, e semplicemente apponendo l’immagine del risveglio a quella dell’addormentamento. Per chi però abbia intensificato la sensibilità della coscienza mediante la ben consapevole riproduzione del sognare, quelle due immagini si scindono.

Per lui, fra le due sta un abisso. Ma, in quanto nota questo abisso, esso anche gli si colma. Il sonno senza sogni cessa di essere un vuoto lasso di tempo, nell’autocoscienza. Ne emerge, come un ricordo, uno spirituale colmarsi del tempo vuoto.

E’ bensì come un ricordo di qualcosa che la coscienza ordinaria prima non aveva affatto avuto in sé, nondimeno questo ricordo porta in sé il richiamo ad una esperienza dell’anima, altrettanto quanto ogni altro ricordo abituale. In tal modo però l’anima guarda realmente entro ciò che, per lo sperimentare ordinario – nel sonno senza sogni – trascorre per lei incoscientemente.

Questa è la via su cui l’anima guarda in sé ancora più profondamente alla sua propria entità che dà forma al corpo. Mediante la cosciente penetrazione del sonno senza sogni essa si vede, nella sua propria essenza, interamente svincolata dal corpo.

Ormai essa guarda non solo alla formazione del corpo, ma, al di là di quello, alla formazione del proprio volere.

L’intima essenza del volere resta altrettanto ignota, alla coscienza ordinaria, quanto gli eventi del sonno senza sogni. Si sperimenta un pensiero che racchiude in sé l’intento del volere. Questo pensiero si sommerge nel mondo indistinto del sentimento e scompare nell’oscurità dei processi del corpo. Riemerge da fuori, poi, come processo corporeo del moto del braccio, ed è di nuovo afferrato da un pensiero. Fra i due contenuti di pensiero sta qualcosa che è come il sonno fra i pensieri che precedono l’addormentarsi e quelli che seguono il risveglio.

Ma come con la prima forma di veggenza dell’anima si può cogliere il lavorio interiore dell’anima sul corpo, così con la seconda forma di veggenza si può cogliere il volere al di là del corpo. L’anima può trovare la via che la porti a contemplare il proprio intimo lavorio sulla struttura organica del corpo: e può anche arrivare all’altro sentiero, su cui le è possibile scorgere come essa lavori sul proprio corpo per estrarne il volere.

E come tra sonno e veglia sta il sogno, così fra il volere e il pensare sta il sentire. Sulla medesima via che conduce ad illuminare il processo volitivo, si trova anche l’illuminazione del mondo del sentimento.

Nella prima veggenza l’anima svela a se stessa il suo interiore lavoro sull’organismo. Nella seconda veggenza perviene al volere. Ma alla manifestazione esterna del volere deve precedere un’attività interiore. Prima che il braccio si sollevi, la corrente dell’attività deve riversarsi in esso in modo che entro i processi del ricambio che hanno luogo quando il braccio è in riposo, se ne inseriscano altri che si manifestano come l’esplicarsi di un sentimento. Il sentimento è un volere che resta chiuso nell’uomo, un volere che è trattenuto nella forma del suo nascere.

I processi inseriti nel corpo per l’esplicazione del sentire e del volere si rivelano alla seconda veggenza come processi opposti a quelli che sostengono la vita. Sono processi che demoliscono. Nei processi costruttivi la vita prospera: ma in essi l’anima si estingue. La vita del corpo che è edificata dall’anima stessa, deve essere demolita affinché la natura e l’attività dell’anima possano esplicarsi per suo mezzo.

Per la percezione spirituale, l’azione dell’anima sul corpo è come un ricordo di qualcosa che essa ha compiuto prima di estrinsecare se stessa nell’azione.

Ma in tale modo l’anima si sperimenta come un’entità puramente spirituale che ha fatto precedere alla propria attività la formazione del corpo, per avere nel corpo stesso il fondamento per la sua propria originaria e puramente spirituale esplicazione.

L’anima, prima dedica al corpo la propria attività creatrice, per manifestarsi poi, dopo aver assolto questo compito, in libera spiritualità.

E questo esplicarsi dell’anima comincia già col pensiero stesso che prende lo spunto dalla percezione sensoriale.

Se si percepisce un oggetto, l’anima entra già in attività. Essa plasma la corrispondente parte del corpo in modo che essa sia atta ad esplicare nel pensiero un’immagine riflessa dell’oggetto. Nello sperimentare questa immagine riflessa, l’anima scorge allora il risultato della sua propria attività.

Non si troverà mai l’essere spirituale dell’anima, filosofando sui pensieri che si presentano alla coscienza ordinaria. Poiché l’attività spirituale dell’anima non sta dentro, ma dietro a quelli. E’ esatto che i pensieri sperimentati dall’anima siano un risultato dell’attività cerebrale. Ma l’attività cerebrale è a sua volta il risultato dell’attività spirituale dell’anima.

Nel misconoscimento di questo fatto sta il malsano della concezione materialistica. Quando, partendo da ogni sorta di presupposti scientifici, essa dimostra che i pensieri sono un risultato dell’attività cerebrale, ha ragione. E una concezione che voglia confutare questa affermazione, dovrà pur sempre fare i conti con quanto il materialismo ha da dire. Ma l’attività cerebrale è risultato dell’attività spirituale. Per vedere ciò non basta volgere lo sguardo entro l’uomo: vi si incontrano i pensieri. E questi hanno solo una realtà riflessa: proprio questo è il risultato della corporeità.

Volgendo lo sguardo su se stessi, bisogna valersi di facoltà animiche rafforzate e potenziate. Bisogna strappare l’anima che sogna all’oscurità crepuscolare del sogno: allora essa non si volatilizza in fantasmi, ma depone la maschera per apparire come un essere che lavora sul suo corpo. Bisogna strappare l’anima che dorme, alla tenebra del sonno: allora essa non scompare di fronte a se stessa, ma si pone di fronte a se stessa come essere puramente spirituale che, nel volere, opera per tramite del corpo al di là di questo.

*

Rudolf Steiner

SULLA FIDUCIA

bimbo pugno

Durante la lettura di un testo mi ha colpito questa frase:

Vivere nel tempo è il coraggio di dare fiducia all’esistenza”.

Mi sono chiesta: quali motivi ho di dar fiducia all’esistenza? Come accetto ogni fatto che la vita mi porta incontro? Ci sono in me delle forze che mi sostengono e mi guidano, o vivo il più delle volte in una sottomissione impotente?

Il concetto moderno di fiducia o di fede è molto rarefatto, quasi inesistente al confronto dell’enorme forza che arrivava all’uomo dell’antichità, quando si affidava alle divinità che lo guidavano dall’esterno e interagivano con lui nella vita e nella morte.

Se invece veniamo al concetto di pìstis, che troviamo nel Nuovo Testamento, si inizia a percepire un’inversione di enorme importanza.

Non si tratta più di aver fiducia in una forza spirituale esteriore all’uomo, ma la fiducia inizia a partire dall’interiorità stessa, diventa una forza, una saldezza interiore che è affine alla posizione salda dello stare in piedi, dell’essere radicati in sé.

Risuonano le parole del Cristo ”… Va, la tua fede ti ha salvato….” , ma in questa fede troviamo ora forze umane, assolutamente nuove, capaci di fare miracoli.

L’esistere, cioè il percorso di vita che va dalla nascita alla morte, porta con sé inevitabilmente molti rischi. Se l’uomo volesse già in partenza assicurarsi di non rischiare nulla, non si incarnerebbe mai, perché ogni incarnazione, dal punto di vista della coscienza normale, è una scommessa pericolosa.

Cosa spinge invece l’uomo a cercare sempre nuove conoscenze, nuove esperienze, nuovi percorsi, persone nuove, luoghi nuovi ? Ci sono motivi validi per farlo o sono solo frutto di impulsi irrazionali, solo brama di vita?

Escludendo il “caso”, che per me è solo una parola senza senso e osservando il mio vissuto posso dire che ogni cosa che mi è venuta incontro nella vita in qualche modo mi apparteneva, e se finora me la sono cavata, se sono ancora qui, questo significa che ci sono in me tutte le forze per orientarmi, soppesare, valutare le cose, a man mano che mi si presentano.

La seconda considerazione mi dice che se io non avessi mai fatto l’esperienza di essere uno spirito pensante, avrei motivo di non aver fiducia, perché avrei l’impressione di brancolare nel buio davanti ad ogni decisione da prendere.

Ma io so di aver a disposizione la luce del pensare, l’ho sempre usata, perché essere uomini significa essere capaci di affrontare con il pensiero qualsiasi fattore, e questo pensare voluto ed esercitato con coscienza, lo riconosco sempre più come l’attività centrale del mio spirito, del mio Io.

Inoltre, in questo pensare, trovo anche una forma di amore di profondità che unisce tutti gli esseri umani….Solo perché gli individui umani fanno parte di un unico spirito possono vivere gli uni accanto agli altri….”   Capire questo diventa un ulteriore motivo di fiducia!

So anche di fare sempre solo quello che posso, quello che è nelle mie facoltà; ciò che non posso affrontare nessuno lo può pretendere da me.

Dove trovo dunque la fonte della fiducia? In me stessa, nel mio Io, nel mio pensare!

Questo Io che, quando viene portato a coscienza, mi dà la massima fiducia, non è un’invenzione dell’uomo, ma è una forza cosmica che vive in ogni essere umano.

E’ però una forza che non si impone, che rispetta la libertà dell’uomo, chiede però l’impegno cosciente di volerla conoscere ed usare.

In altre parole, ogni essere umano, in quanto Io, o in quanto alberga in se il Logos, ha in mano tutti gli strumenti di cui ha bisogno per affrontare la vita.

La forza dell’Io non sta nel conoscere in partenza quale effetto sortirà da ogni causa, perché allora non si tratterebbe di fiducia. Se io volessi conoscere le conseguenze di ogni mio atto prima di attuarlo, questa non sarebbe fiducia ma sfiducia.

Invece il credere in me, nelle mie potenzialità, questo mi da coraggio e mi rende attiva!

Anche l’interagire con un altro essere umano, richiede principalmente che io abbia fiducia in me stessa, perché non posso sapere cosa salterà fuori dall’altro, e so che potrò pretendere il massimo solo da me. Se dall’altro mi arriverà del bene lo considererò un dono, in ogni caso saprò difendere la mia dignità!

So di avere abbastanza libertà da poter decidere di momento in momento, di situazione in situazione, il modo migliore e unico di pormi di fronte al mondo per interagire al meglio con esso.

Potrò sbagliare una, cento, mille volte, ma alla fine l’importante sarà ciò che avrò imparato da tali errori e il riconoscere di aver sbagliato mi salverà.

L’uomo è strutturalmente l’essere che nell’esistenza terrena se la può cavare sempre se vuole e se non omette di coltivare le forze che sono insite nella natura umana; quindi nella mancanza di fiducia si può vedere anche una sorta di pigrizia, di inerzia: per fare il minimo possibile, per non rischiare nulla.

Solo se avrò conquistato una profonda fiducia in me stessa saprò e potrò dare fiducia all’altro, senza correre il rischio di cercare, in chi mi sta vicino, solo un appoggio passivo.

Non ci dovrebbe mai essere motivo di revocare la fiducia a nessuno, però siamo fatti apposta per incoraggiarci a vicenda e per spronarci a vivere sempre più all’altezza delle possibilità umane.

Ognuno dovrebbe sentire nel profondo, il mistero e la responsabilità di portare in sè un frammento di cielo e se quel cielo ha dato la massima fiducia all’uomo, in quella fiducia e in quella saldezza l’uomo deve trovare il coraggio di vivere.

LA FINE DEL MONDO

crepuscolo

RAGNARØKKR, ossia la fine del mondo secondo l’Edda. Questo manoscritto fu probabilmente redatto agli inizi del 1300 e si trova in quattro principali codici. Compose l’Edda, all’incirca dopo il 1220, Snorri Sturluson, islandese, nato a Hvammr nel 1179 e fatto assassinare (forse con qualche ragione) dal re di Norvegia nel 1241. I racconti e la mitologia descritti nell’Edda sono uno dei principali tesori di conoscenza sulla religione dei popoli scandinavi e germanici. Ma nell’insieme è parte di una comune origine indoeuropea.

Per come le cose vanno a finire, potrà sembrare un tantino pessimistico, ma non troppo se lo confrontiamo con la visione indiana espressa dal Vishnu Purāna e, in occidente nell’Asclepio (uno dei testi del Corpus Hermeticum):”…allora il mondo, a causa del tedio degli uomini, sembrerà da non ammirare e da non adorare…Infatti saranno anteposte le tenebre alla luce e la morte sarà giudicata più utile della vita, nessuno guarderà il cielo, il religioso sarà tenuto (per) pazzo, irreligioso prudente, il furibondo forte, il pessimo buono. Avviene la secessione dolorosa tra dei e uomini, restano solo gli angeli nocivi…Verrà questa vecchiaia della terra con l’irreligiosità, il disordine, l’irrazionalità di tutti i beni”. E ditemi, chi pronuncia queste parole? “…insorgerà popolo contro popolo e regno contro regno. In ogni luogo ci saranno carestia, pestilenze e terremoti…; il sole si oscurerà, la luna non darà più il suo chiarore, le stelle cadranno e le potenze dei cieli saranno squassate…”.

Il motivo della decadenza del creato è dunque universale. Si presume che anche il ragnarøkkr sia fine del mondo come fine di un ciclo. Poi inizia uno nuovo. Comunque pensateci, prima di frullare lieti in vacanza…

*

Esso (il ragnarøkkr) avrà inizio quando verrà l’inverno chiamato Finbulvetr (inverno spaventoso): la neve cadrà vorticando da tutte le parti, vi sarà un grande gelo e venti pungenti. Non ci sarà più il sole.

Verranno tre inverni insieme, senza estati di mezzo. Passeranno altri tre inverni e su tutto il mondo imperverseranno grandi battaglie, i fratelli si uccideranno per cupidigia e non ci sarà rispetto per il padre o il congiunto nell’assassinio o nell’adulterio.

Era di lupi prima che il mondo crolli.

Allora avverranno gli eventi che parranno spaventosi: il lupo ingoierà il sole e sembrerà agli uomini una grande sventura. L’altro lupo raggiungerà la luna e farà un disastro. Le stelle scompariranno dal cielo.

Avverrà pure che tutta la terra tremerà e così le montagne, tanto che gli alberi saranno sradicati, i monti crolleranno e tutte le catene e i legami si scioglieranno e si spezzeranno.

Così il lupo Fenrir sarà libero.

Il mare dilagherà sulle coste poiché Midhgardhsormr (la serpe che nel profondo degli oceani cinge il globo) sarà preso dalla furia dei giganti e assalirà la terra. Allora sarà sciolta anche Naglfar, la nave che così si chiama: essa è fatta con le unghie dei morti, per questo motivo si fa attenzione se un uomo muore con le unghie non tagliate perché costui porta molto materiale per la nave Naglfar che gli uomini e gli dei vogliono si costruisca lentamente.

In questo mare tempestoso Naglfar avanzerà. Hrymr si chiama il gigante che la guiderà.

Il lupo Fenrir avanzerà con le fauci spalancate, la mascella superiore contro il cielo e quella inferiore contro la terra: ma le spalancherebbe di più se ci fosse posto. Dai suoi occhi e dal suo naso eromperanno fiamme.  Midhgardhsormr sputerà tanto veleno che ne saranno spruzzati tutto il cielo e la terra: spaventoso d’aspetto, avrà al suo fianco il lupo.

In quel boato si fenderà il cielo e di là si precipiteranno cavalcando i figli di Muspell. Surtr avanzerà per primo e davanti e dietro di lui ci saranno due fuochi. La sua è un’ottima spada e irradia più splendore del sole. Quando cavalcheranno su Bifröst, lo manderanno in frantumi.

I figli di Muspell avanzeranno lungo il campo che si chiama Vígrídhr; là verranno anche il lupo Fenrir e  Midhgardhsormr e inoltre Loki e Hrymr, e con lui tutti i giganti del ghiaccio e seguiranno Loki tutti i compagni di Hel. I figli di Muspell formeranno da soli una legione sfolgorante.

Il campo di  Vígrídhr si estende da ogni lato per centoventi leghe. E accadrà che Heimdallr si ergerà e soffierà impetuosamente nel corno Giallarhorn, e allora tutti gli dei si desteranno e cercheranno consiglio. Ódhinn cavalcherà verso la fonte di Mímir al quale chiederà consiglio per sé e la sua stirpe.

Il frassino Yggdrasill (l’asse del mondo) si scuoterà e nulla sarà allora senza terrore, né in cielo né in terra. Gli Asi indosseranno l’armatura e con loro tutti gli Einheriar, e avanzeranno verso il campo di battaglia.

Per primo cavalcherà  Ódhinn con elmo dorato e la corazza splendente e con la lancia che si chiama Gu˂ n ˃gnir, dirigendosi verso il lupo Fenrir, mentre Thórr avanzerà al suo fianco ma non potrà aiutarlo perché dovrà combattere una battaglia senza quartiere con  Midhgardhsormr.

Freyr si farà contro Surtr e sarà un’ardua battaglia prima che Freyr cada: mancandogli la buona spada che aveva donato a Skírnir, morirà. Allora sarà libero anche il cane Garmr che è legato davanti a Gnipahellir; è il più grande dei mostri: combatterà contro Týr e sarà la morte di entrambi. Thórr ucciderà  Midhgardhsormr, farà nove passi e infine cadrà morto a terra a causa del veleno sputatogli addosso dal serpente.

Il lupo ingoierà  Ódhinn, e questa sarà la sua morte.

Dopo avanzerà Vídharr e porrà uno dei suoi piedi sulla mascella inferiore del lupo, in quel piede avrà la calzatura che tutte le epoche hanno contribuito a fare: sono i triangoli di cuoio che gli uomini tagliano via dalle scarpe, dall’alluce o dalla caviglia (si parla degli avanzi di cuoio derivati dalla confezione); perciò chi desidera aiutare gli dei deve gettar via questi avanzi di pelle. Con l’altra mano  Vídharr afferrerà la mascella superiore del lupo e gli spaccherà la bocca: quella sarà la fine del mostro.

Loki combatterà contro Heimdallr: sarà la morte per entrambi. Subito dopo Surtr appiccherà il fuoco alla terra e tutto il mondo brucerà.

AVVISO AI NAVIGANTI ( di Eco)

mare e monti

Rapiti, sequestrati…..chi tra i monti, chi al mare……i nostri collaboratori paiono scomparsi…….

Eco rallenta ma non si ferma! Per i fedeli che non butteranno il pc dalla finestra in agosto, ci saranno ugualmente dei bellissimi post.

Buone vacanze!

 

DUE INDICAZIONI OPERATIVE E UN PENSIERO DI MASSIMO SCALIGERO

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In un articolo precedente, ho avuto modo di pubblicare qualcosa d’inedito di Massimo Scaligero. Ad alcuni di noi, appassionatamente impegnati nella Via del Pensiero e nella meditazione rituale della Filosofia della Libertà, egli dava indicazioni operative per portare a fondo il lavoro della Concentrazione, per intensificarlo sino alla Contemplazione della pura forza-pensiero, sino all’esperienza della forza-pensiero «vuota» di pensieri, ossia di qualsivoglia pensato. Perché tutti i pensati scaturiscono da tale vivente forza-pensiero: ne sono il morire, l’irrigidita ed esangue cristallizzazione. Mentre l’Ascesi del Pensiero attua, attraverso la Concentrazione, il morire – lo sparire, l’annientamento – di tali morti pensati e il rivivere, oltre la loro dissolvimento, della forza-pensiero dalla quale erano scaturiti e alla quale essi erano morti.

Massimo Scaligero ci dava  alcune preziose indicazioni operative su fogli dattiloscritti, che donava a coloro che si votavano con ardore interiore alla pura Via del Pensiero. Dopo quasi trentacinque anni da quando egli ci ha visibilmente lasciati, alcune di queste indicazioni operative possono risultare preziose per coloro che, in questa epoca oscura stupida e malvagia, vogliono compiere la temeraria impresa della resurrezione del pensiero dalla tomba della riflessità, l’impresa eroica della resurrezione del pensiero vivente dal cadavere della conoscenza morta.

Queste indicazioni non sono un «segreto» nel senso convenzionale del termine, ossia non sono un segreto per la volontà, o anche la giustificata necessità, di tenere riservata una determinata conoscenza. Sono un «arcano», ossia qualcosa che rimane segreto per l’ineffabilità del loro contenuto, che respinge le anime volgari, o coloro che non sono ancora  pronti o maturi per la Via «assoluta», la Via senza appoggi, e necessitano ancora di conseguenza di appoggi e mediazioni varie: intellettuali, sentimentali, mistiche e così via.

Tuttavia si tratta di contenuti sacrali, che non devono essere profanati, portando loro incontro uno stato interiore dell’anima inadeguato  o volgare. In questa epoca oscura, malvagia e soprattutto stupida, vi è da parte di molti una sorta di impura voluttà di profanare, involgarire, degradare, banalizzare e addirittura sacrilegamente pervertire i contenuti della Scienza Sacra e della Sapienza. In questo campo di riprovevole eccellenza, internet dà un improvvido aiuto alle più oscene e sacrileghe intraprese. Ed è naturale, perciò, l’esitazione che si può avere di fronte alla decisione di donare contenuti talvolta di grande delicatezza. Ma è anche giusto che coloro che, in silenzio e solitudine, si consacrano alla fervida pratica della Concentrazione e della Meditazione, secondo la Via del Pensiero Vivente, non vengano privati di alcune indicazioni, che se seguite con intenzione pura e perseveranza, possono portare veramente lontano. I profanatori avranno dalle conseguenze delle loro stesse male azioni l’amaro salario che loro spetta.

Vengono pubblicate qui di seguito due di queste inedite indicazioni operative, date da Massimo Scaligero negli Anni Settanta. Le ho trascritte tali e quali dal foglio a suo tempo ricevuto.

Prima indicazione :

«SUPERAMENTO DEL LIMITE SENSIBILE

Si evochi un determinato oggetto: i.e. chiodo; lo si descriva; si osservi come ogni elemento della descrizione abbia risonanze sensibili (imagine definita, colore, profondità, etc.); si osservi come ogni volta, per richiamare un nuovo elemento della descrizione si faccia appello ad una “zona” dalla quale lampeggia un elemento inafferrabile e intemporale, che poi portiamo nel tempo col determinarlo.

Si veda come da tale zona, solitamente non avvertita, traggano origine tutti i pensati.

***

Esaurita la descrizione si tenga di fronte a sé l’imagine del chiodo e la si “animi” facendole assumere tutte le forme e le dimensioni possibili entro la funzione “chiodo”.

Si constati come tale imagine sia “animata” da qualcosa che lei non è, e che si trova dietro di essa.

Si faccia sparire di colpo tutta l’imagine sensibile, mantenendo però in azione l’elemento “animante”; lo si osservi.

Si descriva la sua natura. Si osservi il suo rapporto con il rappresentare e l’imaginare».

Seconda indicazione:

«COSCIENZA DELLA MEDIAZIONE PURA

Ci si porti alla percezione di due concetti. Si constati come, pur diversi nella “forma, “vivano” di un’unica forza.

Osservare come normalmente ogni persona si riferisce sempre inconsciamente a concetti.

Osservare come questi diventino rappresentazioni.

Osservare come tali rappresentazioni medino la percezione del sensibile e dello psichico.

Osservare la diversa relazione esistente tra rappresentazioni aventi per contenuto cosciente un concetto, e quelle aventi per contenuto un moto animico-egoico.

Osservare se sia possibile usare come mediazione alla percezione il concetto e che cosa ne consegua.

Osservare infine a mezzo della memoria cosa ha mediato via via la coscienza delle esperienze precedenti; i.e. come e a mezzo di cosa ci siamo mossi nell’indagine».

A queste indicazioni, voglio aggiungere un altro pensiero di Massimo Scaligero, che mi sembra esprimere in maniera lapidaria la tenuta interiore che deve avere colui che si impegna nella Via della Iniziazione. Anche questo pensiero offro alla attenta e fervida meditazione di coloro che amano la Via del Pensiero, che il nostro Maestro ci ha dato.

«Il mondo viene trasformato non tanto dalle nostre ideologie, dai nostri programmi, dalle nostre parole, quanto dai nostri pensieri profondi, da ciò che realmente siamo nel segreto dell’anima. Non è il nostro apparire, ma il nostro essere profondo, che lavora alla trasformazione del nostro destino».

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